domingo, 22 de septiembre de 2013

La cruz paté disimulada en el templo de San Juan

Col. Angeles Anaya
Posiblemente ayer a las siete de la tarde pasaron por delante de ella miles de personas. No la vieron porque no la iban buscando. Su atención estaba fijada en la puerta del templo cuya fachada decora, pues de ella salía, para volver a su ermita en una solemne procesión, el Santo Cristo de la Vera Cruz, el Cristo de la cruz verdadera.
Este espléndido relieve muestra una cruz paté, ensanchada en sus extremos. Parece incluso ser casi una Tau, de origen Templario, adoptada por San Francisco posteriormente. Los Hospitalarios fueron herederos de gran parte de las encomiendas Templarias tras su disolución. Adoptaron muchos de sus símbolos y advocaciones (la Vera Cruz, Santa María, San Juan Bautista, etc.) ¿Sabéis exactamente donde está situada? Ánimo investigadores.  
                                                                                                        Ángeles Anaya
Col. Angeles Anaya


domingo, 15 de septiembre de 2013

Historias y gestas congeladas en piedra I

Sin duda, viajar es como leer. Amplia tu mundo hasta límites insospechados.

El pasado mes de abril, como suele ser habitual año tras año y gracias a la colaboración de la Oficina de Turismo, visitamos el Castillo de Consuegra con nuestros alumnos del IES Consaburum. En la ermita, mi compañero, profesor de historia (de los que la viven apasionadamente), reparó en una piedra con un bajo relieve tallado. Yo siempre había pensado que las piedras talladas esparcidas por las salas del castillo eran obra de los alumnos de la Escuela Taller, pero él insistía que le parecía un resto de alguna construcción anterior  y que, tras las labores de desescombro, había sido colocada en la ermita como elemento decorativo. En cualquier caso, sirva esta anécdota para introducir un lugar mágico que supuso para mí un auténtico viaje en el tiempo.
Relieve de la ermita del castillo

El hallazgo del relieve de la ermita  había quedado en la recámara de mi memoria hasta que el destino me llevó este  verano por  los polvorientos pasillos del  Museo Lapidario de Narbona, en la región de Languedoc- Rousillon francesa. En este lugar, donde la historia ha quedado congelada en 1500 documentos de piedra, hallé, como el que descubre por casualidad algo perdido que no estaba buscando, un relieve muy parecido al visto en nuestro castillo.
Museo Lapidario de Narbona. Col. Ángeles Anaya

Bajo relieve tardo romano ( Museo Lapidario de Narbona)
 Se trata de un bajo relieve galo- romano  con relieves biselados de grandes dimensiones. Hubiera pasado inadvertido para mí de no haber visto uno muy parecido  en el castillo de Consuegra, lo cual le dio un punto de interés a mi visita a este museo.
Museo Lapidario de Narbona. Col. Ángeles Anaya

 Estos registros" fotográficos" de piedra nos hablan de la vida civil, militar, administrativa y religiosa en la antigua capital de la provinciae Narbonensis romana, en la Galia Transalpina. Su valor documental es incalculable. En mi viaje por la zona de Languedoc- Ruisillón francés descubrí otras piezas de la historia de  Consuegra que desaparecieron de nuestra localidad, pero  aún  sobreviven en esta zona del mundo. Pero eso lo dejaremos para otro post.                        

                                                                                                         Ángeles Anaya

miércoles, 11 de septiembre de 2013

El héroe que emergió en la Inundación de Consuegra. Fray Benito de los Infantes (11-9- 1891)


 Fray Benito de los Infantes, Prior de los Franciscanos de ConsuegraLa Ilustración Española y Americana. Col. Ángeles Anaya

La vida sobre la Tierra y posteriormente la civilización brotaron del agua. Los grupos humanos, desde los albores de la humanidad, han buscado el amparo de los ríos para asentarse y prosperar. El Amarguillo proporcionó a los primeros pobladores de estas tierras (siglo VI a.c.) agua potable, pesca e irrigación de sus cosechas y pastos. Hasta la llegada de la tecnología romana, tuvo que ser duro acarrear agua diariamente para satisfacer las necesidades básicas y por eso nuestros ancestros procuraron siempre vivir cerca de él. El agua  ha sido la principal causa de  la civilización y su necesidad de control, la consecuencia. En Consuegra, el 11 de septiembre de 1891, el caos, la destrucción y la desolación también manaron de ella.

 Río Amarguillo con agua a su paso por Consuegra. Foto de José Manuel Perulero (Oficina de Turismo de Consuegra)

El torrencial río Amarguillo, afluente del Cigüela, se caracteriza por unas fuertes variaciones estacionales de caudal, casi seco durante gran parte del tiempo y con crecidas violentas y destructoras en ciertos momentos. Es un río extremo e imprevisible como lo es también la zona árida por donde discurre, la Mancha, por lo que desde época romana existió una necesidad de dominarlo. Con el paso de los siglos, esa precaución se fue relajando y poco a poco, cada vez más, las viviendas se iban acercando peligrosamente a su cauce.
                             
Esa misma inquietud asaltaba a Fray Benito de los Infantes desde su llegada  a Consuegra en 1889, tras pasar once años en la Misión Filipina.  Hombre de gran estatura, era natural de la vecina localidad de Madridejos. Doctor en Teología, era extremadamente culto, tolerante, de conversación amena y trato agradable.

 Al poco tiempo de llegar, y a la luz de sus méritos y cualidades, fue elegido Rector y Prior de la Comunidad de Franciscanos  de la Provincia de San Gregorio Magno de Filipinas, asentada en Consuegra, que contaba con más de medio centenar de miembros. El 2 de julio del mismo año que ocurrió la tragedia había cumplido cincuenta años. Hombre reflexivo y previsor, sabía que el Amarguillo siempre alertó del peligro de sus aguas. Existía constancia de desbordamientos del caudal acontecidos en el siglo XVI. Posteriormente, en 1702, una inundación dejó la iglesia de San Juan Bautista en ruinas, e incluso había noticias de otras inundaciones que tuvieron lugar en la Consabura romana. -“Hace falta reconstruir Consuegra lejos del río, en un punto distinto del que hasta ahora ocupa”, -pensaba mientras paseaba con paso enérgico y decidido por las casas que se apiñaban en el escaso cauce del Amarguillo, medio obstruido.

A las ocho de la mañana del 11 de septiembre de 1891 los temores de fray Benito  se cofirmaban. Un fuerte temporal se cernía sobre la comarca y varios vecinos avisaban que el agua había entrado en sus viviendas. Con gran resolución, a las nueve de la mañana fue a ver al alcalde, que dispuso de varias galeras para recoger a los que estaban faenando en los campos.  Avisó a los que vivían en las inmediaciones del río y les instó a que se trasladaran a zonas más elevadas de la localidad, pero pocos hicieron caso de esta advertencia. A las doce del mediodía el temporal amainó ligeramente y muchos prefirieron quedarse en sus casas y tener controladas sus pertenencias. –“Insensatos”,- debió pensar Fray Benito, convencido como estaba de que los vecinos debían abandonar el pueblo.


 
Nivel alcanzado por las aguas la noche de la catástrofe
Por la tarde la situación empeoró. Desde Urda llegaban noticias de que el Amarguillo tenía una crecida considerable y la enorme cantidad de agua, maleza, árboles y aperos acumulados  había reventado la presa romana. Con gran celeridad, reunió a su congregación y les arengó a hacer gala de su vocación misionera, humanitaria y asistencial, poniendo en práctica los principios de su fundador. Consuegra les necesitaba. Bajo la dirección de un ingeniero, los frailes construyeron una balsa y la sacaron del convento. A las nueve de la noche, las aguas y todo lo que flotaba en ellas se estancaron en el primer puente romano, el entonces conocido como de “Los Gallegos”. Se formó una barrera que desbordó el agua a ambos lados del cauce del Amarguillo. A las nueve y cuarto las aguas tenían una elevación de ocho metros sobre el nivel del río. Les costaba abrir las puertas del convento y la corriente les impedía avanzar. Ante la amenaza que se cernía sobre sus hermanos, el Prior instó a los religiosos a refugiarse en una casa alta próxima al castillo. Desde allí se oían los ecos de los lamentos de los consaburenses que pedían auxilio y misericordia. Fray Benito no quiso abandonar el convento. – “Aquí me salvaré o pereceré”, afirmó.

A media noche Consuegra parecía sufrir los horrores de un bombardeo. Las casas se hundían con tremendo estrépito, los lamentos no cesaban y aún no había dejado de llover, pero el Prior continuaba con sus labores de salvamento. En esas interminables horas de desesperación y caos, hubo un grupo de personas, los padres franciscanos, que renunciaron a tratar de salvar sus propias vidas con valor y abnegación para socorrer a sus paisanos y tratar de poner a salvo al mayor número de vecinos posible.
A las cuatro de la madrugada, las aguas comenzaron a retroceder para dar paso a un entorno de cieno y ruinas.

Labores de rescate padres franciscanos. Col. Ángeles Anaya

                        Al amanecer, Fray Benito de los Infantes contempló desde el convento una Consuegra devastada.- “Ahora comienza nuestra verdadera tarea”. Sin pensarlo dos veces, dividió a sus frailes en grupos de entre dos a cinco miembros, para recorrer las calles más castigadas y allí, remangados sus hábitos, con el lodo hasta las rodillas, revolvían los escombros para rescatar heridos, cadáveres y pertenencias de valor que aún se podían aprovechar entre los escombros. A todos ellos daba ejemplo el P. Prior, animándoles con sus exhortaciones, socorriendo a los heridos y auxiliando piadosamente a los moribundos. Así un día tras otro.
A lo largo de ese duro invierno, cuando los periodistas, autoridades y demás personalidades hacía tiempo que ya habían abandonado Consuegra,  el padre prior, con gran acierto, incrementó la distribución de “la sopa” para que, al menos, las personas más necesitadas, comieran un plato caliente al día.
                           
Tuvo que ser el 11 de septiembre de 1891, dejando la riada tras de sí una localidad asolada,  360 víctimas mortales y decenas de casa arruinadas, cuando los vecinos de Consuegra escarmentaran y se replanteara todo el margen del Amarguillo y las calles adyacentes, llegando algunas a desaparecer. Una nueva y enjalbegada Consuegra renacía de sus cenizas de fango y escombros.

Los verdaderos héroes de esta catástrofe fueron el más de medio centenar de frailes Franciscanos, con su prior a la cabeza, Fray Benito de los Infantes, por su incansable labor sorda y desinteresada. Consuegra le estará eternamente agradecida. 
                                                                                                                                       Ángeles Anaya García- Tapetado
                                                                                                                              Cuadernos de Historia y Cultura Popular
                                                                                                                                              Ayto. Madridejos

sábado, 7 de septiembre de 2013

Una fiesta hecha de Oro Rojo. Consuegra, 50 años exaltando el Azafrán

Cortesía Oficina de Turismo de Consuegra


Adaptación de la intervención de D. Elías Anaya Verbo en el pregón de la Fiesta de la Rosa del Azafrán del año 2012.  
Presidente del Círculo Histórico- Cultural Consaburense.
Consuegra,  26 de Octubre  de 2012

El próximo 27 de octubre de 2013 conmemoramos  el  51 aniversario de nuestra apreciada Fiesta de la Rosa del  Azafrán.

                Para situarnos en el inicio de esta fiesta hemos de remontarnos al mes de octubre de 1962. En esta fecha, nuestra humilde localidad llamó la atención de un visitante de excepción, D. Oskar Dignoes, Director de la oficina de turismo austríaca.

D. Oskar, maravillado por el suceder de celemines de azafranales color violeta que contemplaba desde lo alto de la Centinela, tuvo la certeza de que el resto del mundo debía conocer el embrujo del proceso de recolección y manipulación del azafrán de la Mancha.

Desde su cosecha, pasando por su recogida y llegando tras su tostado al preciado   “oro rojo de los pobres”, el azafrán, con sus múltiples propiedades medicinales, culinarias y colorantes, lleva parejo un sinfín de costumbres y tradiciones manchegas.  Rituales que forman parte de nuestro “ser” consaburense, como la ayuda mutua entre vecinos y familiares, el valor del esfuerzo y el ahorro o la reunión al calor de la lumbre, donde se contaban historias mientras se “mondaba” la rosa.  Forman parte de lo que somos y lo que vivimos como pueblo, aunque seamos ciudad.

Revista ama. Col. Ángeles Anaya García- Tapetado

                
Esta inquietud se la transmitió D. Oskar al Sr. Alcalde de entonces, D. Pedro Albacete y a D. Francisco Domínguez, nuestro querido y recordado Paco.  El resultado fue la 1ª edición de la Fiesta de la Rosa del Azafrán, que tuvo lugar el 27 de octubre de 1963, siendo el pregonero D. Federico Muelas, poeta y escritor conquense( la dulcinea no llegaría hasta la cuarta edición).

 Acudieron diversas personalidades de las artes y las letras de nuestro país, como D.  Federico Romero (coautor de la zarzuela de la Rosa del Azafrán), y otras más en siguientes ediciones, como la compositora Dña. Fina de Calderón, D. Gregorio Prieto (pintor), D. José Antonio Cabezas (periodista), S.M. la reina Geraldine de Albania, el Archiduque de Austria, EL Marqués de Sierra Nevada, representante de la Orden de San Juan, entre otros. En este evento actuó por primera vez el grupo de coros y danzas, que desde aquel día pasó a llamarse “Coros y Danzas Rosa del Azafrán”.



Revista ama. Col. Ángeles Anaya García- Tapetado
             En estos primeros años, los Consaburenses pasaban de puntillas por los diversos actos de la fiesta. Inmersos en sus tareas y quehaceres relacionados con la recogida del azafrán, su cultivo suponía para la población, en su mayoría  jornaleros y  hortelanos, un sobresueldo, un modo de obtener ingresos extra. La familia al completo, e incluso amigos y vecinos, colaboraban en los pocos días que duraba la recolección mondando rosa a toda prisa, pues, como bien dice la zarzuela del mismo nombre:

                                           La rosa del azafrán es una flor elegante,
                                            Que nace al salir el sol y muere al caer la tarde

De todos es sabido que la rosa del azafrán preferiblemente en el día ha de quedar cogida y mondada (labor que durante los primeros años realizaban las “recogedoras”), además de dejar sus clavos  tostados. Al ponerse el sol tenía lugar el momento de la monda, donde las  mondadoras  y familiares de éstas que acudían a  “echar el clavo” para colaborar, se reunían a mondar rosa, es decir, a extraer los preciados clavos de azafrán, en medio de risas e historias que amenizaban los primeros fríos de otoño.

Revista ama. Col. Angeles Anaya García- Tapetado
                 El siguiente año, en 1964, el Sr. Alcalde determinó la formación de una comisión, formada por vecinos de Consuegra, para el estudio y desarrollo del evento, tratando de impulsarlo y mejorarlo.  

Aprovecho este instante para manifestar mi agradecimiento, y con ello creo que hablo en nombre de todos los consaburenses, al alma de la Fiesta de la Rosa del Azafrán, D. Pedro Albacete del Pozo, que con su entusiasmo y dedicación inició lo que hoy es una fiesta de interés turístico regional, y al que le hubiera gustado acompañarnos de no ser por su delicado estado de salud. Entre los miembros de esta comisión se encontraban: D. Justiniano Pérez, D. Manuel Caballero, D. José Lara, D. Félix Gallego “Boquirre”, experto en temas de azafrán, D. Valentín Sánchez “Tini”, D. Gabriel García Huertos “Cejas”, D. Atanasio Ortiz y un servidor, entre otros muchos colaboradores, siendo yo mismo el que incluyó el  concurso de monda de rosa entre los actos de la fiesta.

Revista ama. Col. Angeles Anaya García- Tapetado

 Esta comisión fue ampliándose con el paso de los años y durante muchos días, de manera absolutamente desinteresada, deliberábamos, trabajábamos, nos reuníamos y poníamos los cimientos de lo que es hoy nuestra fiesta. Cada uno aportaba su saber, sus ideas y su trabajo, con la satisfacción de ver funcionar el festival como única recompensa.
              
             La fiesta del azafrán trajo consigo numerosas mejoras e inversiones en nuestra localidad: se rehabilitaron y reconstruyeron los molinos ( esperamos hasta la  tercera edición para tener la primera Molienda de la Paz en el molino Sancho), se inició el desescombro del castillo, se realizaron excavaciones pseudo-arqueológicas en el poblado prerromano del cerro cuyos hallazgos sirvieron para abrir el museo municipal, se construyó el polideportivo municipal, se facilitó el acceso a la crestería con escaleras y la construcción del  carreterín, se construyó la Casa de la Cultura y la Biblioteca,  se rehabilitó el alfar, etc. En definitiva, el patrimonio cultural y material de Consuegra se empezó a “remover” gracias a aportaciones de pregoneros y otras personalidades que acudían a la fiesta.
  

Revista ama. Col. Angeles Anaya García- Tapetado

          Cada año se iban ampliando actos, inaugurando nuevos molinos y completando nuestra Fiesta de la Rosa del Azafrán.


Así durante 50 años, hasta llegar al día de hoy, con muchas ausencias, algunos de los que quedamos de antes, pero con lo más importante, los consaburenses de ahora, que serán los encargados de perpetuar nuestra fiesta, para orgullo de Consuegra y deleite del resto del mundo. 

Cortesía Oficina Turismo Consuegra

Ángeles Anaya

jueves, 29 de agosto de 2013

Paseando por nuestra historia de la mano del Círculo Histórico Cultural Consaburense

Al hilo de una de las últimas entradas a nuestro blog relativa a las calles de Consuegra y para seguir recuperando algunas más, recordamos los antiguos nombres con los cuales nuestros antepasados llamaban a los lugares por los cuales seguimos paseando y viviendo hoy:

-La calle Eulogio Merchán, también tuvo otro nombre durante decenios, que fue el de calle de “Don Antonio”, debido a que un antiguo alcalde de Consuegra, don Antonio de Madrid, vivió en esta calle, recordándonos que el apellido “Madrid”, perteneció a una ilustre y querida familia de consaburenses.
-La calle que va a hacia el centro de Salud y hacia la calle “Goya”, antaño llamada calle “Nueva”, también tiene un nombre curioso. Es la calle de las “Crespas”. El origen viene de unas hermanas consaburenses a las cuales las llamaban así, las “Crespas”. Eran hijas de un hacendado consaburense llamado Pedro Moraleda-Crespo (que también fue alcalde), las cuales vivían en esta calle; de ahí que el pueblo las llamara según el apellido que habían heredado de su padre.
-La calle “San Francisco de Asís, actual, tuvo durante muchos años el nombre de calle de los “Nalda” ó “Naldas”. El origen viene dado de nuevo por una familia apellidada de esta manera, que al menos en el siglo XVII ya vivían en Consuegra y en esta calle. Pedro y Francisco de Nalda fueron dos hermanos que pertenecían a esta familia en 1675.
-La actual calle “del Ciprés”, tuvo un nombre cuanto menos curioso, ya que en la documentación aparece como calle de la “Cocorra”, sin explicarnos a fecha de hoy si este sería un nombre u apodo de alguna consaburense de hace siglos.
-La calle de “Don Vidal”, junto a la actual residencia de ancianos San Francisco de Asís, debe su nombre a don Vidal Marín del Campo, ilustre personaje moracho que se casó con una consaburense. Pero más antiguamente esta calle se llamó calle del “Verbo”, seguramente porque algunos consaburenses apellidados así, vivieron en esta calle hace años.
-Otra calle situada junto a la parroquia de San Juan Bautista, llamada hoy calle del Vinagre, tenía en el siglo XIX un nombre diferente. Era la calle de la “Sombrerera”. En este caso suponemos que alguna vecina de la misma, se dedicaba al arte y oficio de los sombreros.
Nos siguen quedando muchos nombres más, como calle del Albañal, calle del Azacán, calle de don Francisco, los cuales, poco a poco seguiremos descubriendo…




José García Cano


lunes, 12 de agosto de 2013

830 años de Castillo Sanjuanista en Consuegra, 8 Agosto de 1183.





Nuestro Castillo de Consuegra ha sido testigo de la mayor parte de la historia de nuestra localidad. Fortaleza en la que lucharon el hijo del Cid Campeador y las tropas Napoleónicas, con orígenes romanos, restos visigodos, musulmanes y reconstrucciones, hasta darle su aspecto actual, a cargo de la Orden de San Juan de Jerusalén, los Freires Hospitalarios de Acre. Según palabras del Conde de Cedillo, el Castillo de Consuegra y sus vastos dominios fueron  llave y baluarte de España y la Cristiandad contra el dominio musulmán en el sur de la Península.

El 8 de Agosto del presente año se conmemoró el 830 aniversario de la donación del Castillo de Consuegra y su Alfoz, por parte del rey Alfonso VIII El Bueno, al Prior de la Orden de los Hospitalarios de San Juan Bautista de Jerusalén, D. Pedro Aréis, confirmada la misma el 25 de Agosto del mismo año por el Pontífice Lucio III. El Rey y su mujer, Dña. Leonor, donaron a la Religión de San Juan y a dicho Prior, por  Juro de Heredad "castellum quod dicitur Consogra in frontera Murorum...". Se firmó el 8 de Agosto de la Era de 1221, en Palencia, basándonos en los 38 años de diferencia, correspondería con año 1183. Dicho Rey concedió los fueros a Consuegra, tras la conquista de la misma el 21 de Septiembre de 1172 o 1177, según los autores.

Alfonso VIII fue quien ganó también  la decisiva Batalla de las Navas de Tolosa. Nuestra localidad jamás volvería a estar bajo dominio musulmán a partir de esta importante contienda. Desplazada la frontera Castellana hacia el sur, comenzó la repoblación en la comarca y se otorgaron a las 14 villas que componían el Alfoz del Castillo de Consuegra las Cartas de Población.

Previamente, el 1150, Alfonso VII concedió la defensa del Castillo de Consuegra y sus territorios al noble  Rodrigo Rodríguez, aunque con poca fortuna, por lo que se optó por un modelo defensivo, repoblador y administrativo en la zona central de la Península gestionado por las Órdenes Militares, la de San Juan, la de Calatrava y la de Santiago, principalmente. Con esta medida, se le dio  a la conquista de territorios un tinte de Cruzada, Militia Christi, y de paso garantizaban  su estabilidad con un defensor muy poderoso y experimentado en aquella época, las Ordenes Militares.




Angeles Anaya

sábado, 10 de agosto de 2013

Miguel de Cervantes y Consuegra




Al tratar el tema de la genealogía y del nacimiento de don Miguel de Cervantes y Saavedra, se nos abren puertas por todos lados, teorías, estudios, libros, ensayos, etc., etc. Lo que es un hecho es que el apellido “López de Cervantes” aparece en decenas de documentos y nos confirma que multitud de familias se apellidaron así tanto en Consuegra, como en Madridejos, Camuñas, Urda, Alcázar de San Juan y algunos puntos más alejados de nuestra comarca.


El relatar aquí toda la relación de parentelas del apellido López de Cervantes, sería demasiado extenso. Hablaremos en cambio del que según nuestras investigaciones fue uno de los primeros personajes que ostentó el apellido Cervantes por nuestras tierras. Este fue Fray don Diego Gómez de Cervantes, Gran Prior de la Orden Militar de San Juan de Jerusalén, el cual extendió por toda la Mancha, y sobre todo por los pueblos y ciudades citados, el apellido Cervantes. Pero en la sucesión de este prior, el cual como vemos no se apellida López de Cervantes sino Gómez de Cervantes, hay un cambio importante, ya que sustituye el “Gómez” por el “López”. Este cambio viene debido a que impuso a sus hijos el apellido de su mujer, es decir de doña Beatriz López de Bocanegra, origen según nuestra teoría de los “López de Cervantes”, de Consuegra, Madridejos y alrededores.
Es en este momento cuando podemos incluir en nuestra historia a don Miguel de Cervantes Saavedra, ya que nuestro Diego Gómez de Cervantes, fue hermano de Juan de Cervantes nada más y nada menos que el tatarabuelo paterno del autor de la obra inmortal. Por tanto, según esta descripción, sí hay una relación familiar muy directa entre don Miguel de Cervantes y los “López de Cervantes”, consaburenses. Otra historia y harina de otro costal, sería el aseverar que don Miguel nació en Consuegra, incluso si tenemos en cuenta cierta partida de nacimiento que existía en nuestra ciudad, fechada el 1º de septiembre de 1556, en la cual Diego Abad clérigo, bautizó a Miguel, hijo de Miguel López de Cervantes y de su mujer María de Figueroa, fue su compadre Rodrigo del Álamo, y comadre su mujer Lucía Alonso, y en cuyo margen se anotó en años posteriores “el autor de los Quijotes…”, siendo esta anotación tan poco fiable que da lugar a demasiadas dudas sobre su afirmación.


Por otro lado gracias a la labor investigadora del Círculo Cultural Consaburense, hace años localizamos un documento importante sobre la genealogía de los Lopez Cervantes. Se trata de una ejecutoria de nobleza del siglo XVI concedida en 1586, a petición de Alonso López de Cervantes y de hermano Miguel López de Cervantes, curiosamente el mismo sujeto al cual se le añadió en su partida de bautismo la coletilla de “autor de los Quijotes” antes citada.

Resumiendo. Efectivamente existió en Consuegra un Miguel López de Cervantes, que nació en 1556, hermano de Alonso López de Cervantes, pero cuyos padres (para nuestro pesar) no coinciden con los del insigne autor del Quijote.

Avanzando en el tiempo también tenemos localizados a los diferentes vecinos de Consuegra que eran hidalgos entre los siglos XVI y XVII, como Diego, Alonso y Juan López de Cervantes, o Alonso, Francisco y Hernando Cervantes. Estas familias perduraron en Consuegra hasta al menos el siglo XVIII, pues en el catastro del Marqués de la Ensenada aún se relacionan varias familias con este apellido.

Además, afortunadamente aún se conservan en Consuegra, varias pruebas de la existencia de consaburenses con este apellido, como un escudo en piedra adosado a una fachada junto a la parroquia de San Juan Bautista, el cual ha querido dejarnos una huella indeleble en el tiempo, que nos recuerde la existencia de esta familia, ilustre, hidalga e importante en la historia consaburense.

José García Cano

jueves, 8 de agosto de 2013

Pura adrenalina: tesoros de Consuegra por explorar

Hace un par de meses, cuando comencé a preparar el proyecto del Instituto "Tesoros de mi localidad", contacté con la Oficina de Turismo de Consuegra, buscando colaboración. Desde el principio su buena disposición superó ampliamente mis expectativas, llegando incluso José Manuel a acompañarme en una visita por el cerro, donde descubrí nuevos tesoros, algunos de ellos desconocidos para mí hasta entonces. Aprovecho para agradecerles, tanto a él como a Javier, el material y las atenciones dispensadas. Son un verdadero tesoro.

Subimos el cerro "troncha barbecho" en dirección a la Centinela, que es como se debe subir la cuesta si se quieren ver restos interesantes, aprovechando las sendas  y las chorreras que hace el agua de lluvia. Entre el molino "Mochilas" (tiene una base de lo más interesante, desde el punto de vista arqueológico) y la Centinela (Norte) podemos observar esto (solo apto para resistentes a la "ceguera al cambio"):
Base del molino Mochilas

Muro absolutamente mimetizado con el entorno


Podría tratarse de Opus Caementicum, el hormigón romano, elaborado con cal, arena y mortero, que para darle más dureza podía contener roca volcánica. Los Consaburenses que tienen restos de acueducto en los cimientos de sus casas cuentan lo difícil que les resultó hacerlo desaparecer (de lo cual nos alegramos). Está en proceso de estudio, para determinar exactamente su cronología. Debió de formar parte de una construcción de grandes dimensiones.

Avanzando hacia el característico boquete de la Centinela, si somos observadores, nos topamos con este curioso relieve en el risco de la Cuesta.

Relieve Flor de Lis

Ubicación del relieve flor de lis en el risco situado a la derecha del boquete de la Centinela

Atravesamos la Centinela por su característico boquete y nos dirigimos al Molino " Vista Alegre", dirección Norte. En su base, al abrigo de los fuertes vientos que soplan aquí, en lo que debió haber sido utilizado como cantera desde épocas de la dominación romana, por las múltiples marcas de extracción de roca, se advierte un relieve con forma humana (aprox. 60 cm. de alto) de lo más curioso. Eso sí, se ve si el cerebro quiere verlo, porque está absolutamente disimulado con la roca:

MER Vo Caracteres  y figura antorpomorfa romana graffiteados en la roca
Es un relieve tosco, pero bien proporcionado y ejecutado. La inscripción MER, parece ser un acrónimo votivo romano posiblemente al dios Mercurio, heraldo de los Dioses, protector del comercio y los artesanos, y guardián de las almas de los difuntos hasta el más allá. Más abajo se adivina  VVo (voto/ votivo), que se utilizaba como ofrenda por haber sido concedidad alguna gracia. 
 ¿Quien fue el autor de este misterioso grabado en la roca y porqué su destino le llevó hasta  Consabura?¿Que le llevó a graffitear la roca del cerro?






Después de esta asombrosa experiencia al abrigo de los vientos del molino Vista Alegre, si continuamos nuestro camino y abandonamos a nuestro milenario compañero, rodeando el molino, encarando nuestra dirección hacia el castillo, en unas rocas aplanadas y bañadas por el sol de la mañana, si somos observadores podemos adivinar los siguientes petroglifos:







Se ve cláramente una cruz y la fecha que podría ser 1866. Sin duda abre una nueva línea de investigación acerca del posible significado u objetivo de esa talla.


Más abajo, entre el Molino Bolero y la senda que sale del antiguo depósito, en dirección noroeste, podemos ver restos de edificaciones romanas, ya prospectadas por Juan Carlos Fernández- Layos, actualmente en estudio arqueológico, que pueden dar a Consuegra hallazgos delo más interesante:



Ángeles Anaya

martes, 6 de agosto de 2013

Algunas calles con mucha historia: tesoros que han cambiado de nombre






Hay algunas calles en Consuegra que, en ocasiones, a pesar de costarme dar un rodeo, busco el pasar por ellas y disfrutar de su magia. De entre todas ellas, mi preferida es sin duda la Calle de los Muertos. Nuestros seguidores más jóvenes no sabrán a qué calle me estoy refiriendo y a los más mayores, en cambio, les costará identificarla por su nombre actual, Manuel Figueroa. Sin menospreciar a tan ilustre caballero, para mí es y siempre será la calle de Los Muertos. Siempre me intrigó el nombre que la gente utilizaba para referirse a ella, desde que era pequeña y la recorría con mi padre, le preguntaba,- tiene otro nombre en realidad, ¿porqué la llaman así, papá?, esperando ingenuamente una repuesta tranquilizadora. Él, en cambio, siempre tan pícaro, me decía: - No tengo ni idea, cuando pases por aquí otra vez, puede que te encuentres con algún muerto y se lo puedas preguntar. Después de algunos años y muchas bromas, me explicó que, hasta donde llegaban sus recuerdos, se llamaba así porque en nuestra Consuegra de antes, al final de esta calle, frente a las Carmelitas, se le decía el último responso al féretro del fallecido antes de su último viaje al cementerio, desde Santa María. En una época con peores condiciones sanitarias que ahora, debió ser una calle bastante concurrida.
Es una calle especial por muchos motivos. A su inicio, en el número 4 nació nuestro ilustre y prolífico escritor Alfonso García- Tejero, en 1818. En la otra acera, se encontraba el Palacio Prioral y las Tercias. Podemos contemplar en la calle la Tercia restos de un relieve de cruz paté de la malograda Santa María la Mayor, cuyo tipo de piedra coincide con la  del escudo de armas de Don Gonzalo de Quiroga  localizado más abajo, en la cafetería del mismo nombre, y con la del escudo de la Orden de San Juan, la cruz de las 8 beatitudes, que se encuentra en el museo arqueológico municipal:





Si seguimos caminando, dejamos a la izquierda la posible ubicación de las termas romanas, castellum aquae (que seguramente llegaban hasta la calle del trinquete) y a la derecha tenemos la Costanilla de la Blanca. En ella y en la Cuesta de los Herreros (hoy General Primo de Rivera) se ubicaban los artesanos que estaban al servicio de la parroquia de Santa María la Mayor y del Palacio. Al final de la Cuesta de los Herreros se localizaron restos romanos de gran importancia. Más allá de las termas está la calle Pozo de la Nieve y si bajamos un poco por ella y dirigimos nuestra vista a la izquierda vemos esto:

Lo que queda del ábside de Santa María la Mayor. Nada queda de sus capillas, de su altar denominado "de las indulgencias del alma", ni del Prior e Infante allí enterrados.
 Al final de la calle de los Muertos, llegando a las Carmelitas, a la derecha, el día de San Blas podemos entrar a una capilla donde se guardan las reliquias del Santo y, se dice, previenen los problemas de garganta. Es todo lo que queda de la ultrajada  Ermita del Pilar, que llegaba hasta la Cuesta de los Herreros y algunos la vieron tan antigua que decidieron derruirla para que no desentonara con la nueva Consuegra de estructuras de hormigón.



Entre la calle Los Muertos, la calle del Cristo, la calle del Hospital, la calle del Trinquete (tristemente denominada en la actualidad Plus Ultra), la calle del Carmen (también conocida como Calle Real, junto con la del Arco) y la Calle del Pozo de la Nieve, se condensan los aspectos más importantes de la historia de Consuegra: las termas romanas y parte de su Foro, el Palacio Prioral, las Tercias, Santa Maria la Mayor (que fue Templo, Mezquita e iglesia Sanjuanista) y el Hospital de San Juan. Desde este perímetro se administraba una comarca de 14 villas y seguramente, en época romana, no sería menos territorio.

Detalle de fecha de construcción en alero de casa en la antigua Calle Nalda. Gentileza de mi compañero del Círculo José García Cano

Más lugares emblemáticos que padecieron un cambio de nombre, aunque muchos de ellos aún se resisten a la nueva denominación, son la Calle la Cárcel (hoy Gumersindo Díaz- Cordovés), la calle Sartenilla (hoy Quevedo ), Calle de los Frailes o anteriormente llamada de las Monjas Bernardas (Fray Fortunato), Calle Ancha (Sertorio), Calle de los Gallegos (Hermanos Quintero), Calle El Santo (hoy Lope de Vega), Calle del Matadero (Avda. Castilla- La Mancha), Calle Lonja (hoy San Juan Bautista de la Salle), Calle Nalda (San Francisco de Asís), Plaza del Mercado de Abastos (Calle de Vicente Figueroa), Calle El Ejido (zona de pastos de ganado)Calle Canteros (hoy D. Luis Cantador),  Calle de la Casa de la Inquisición (D. Eulogio Merchán,), Calle del Arco (que fue de Los Arcos y posteriormente de García- Roco), Plaza Mayor (que lo fue también de la Constitución y ahora es de España), entre otras.


Las escalinatas que suben al molino Bolero y la calle que las da acceso, actualmente calle Avanzadilla, eran conocidas como Senda del Cuquillo, ya que allí se localizaba una casa con el mismo nombre.

A estas calles, no les pusieron esos nombres porque sí. Todas ellas guardan un sitio histórico, una anécdota, una costumbre o un acontecimiento relevante. Son parte de nuestra identidad y el recuerdo de sus antiguos nombres nos puede ayudar a encajar el enrevesado e incompleto puzzle de la historia de Consuegra.

Ángeles Anaya

lunes, 29 de julio de 2013

El abrevadero que añoraba ser canal del acueducto: tesoros reutilizados

Del acueducto romano, que venía desde la presa pasando por el camino de Santa María, encontramos restos visibles a lo largo de dicho camino (canalizaciones) y en el camino de los Arroyos,  frente al vertedero actual, por el que se cuenta bajaba siempre mucha agua, donde se dividía.  Por el sur abastecía al circo, rodeando el cerro por el camino del vertedero y el camino de Valdespino. Los Estanques, probablemente, abastecían también  al municipio y las Villaes con sus saludables y abundantes aguas. Por el norte abastecía a  la "almendra" o zona central de Consabura, donde se encontraban las termas. En el inicio de la calle Fuentecilla, al final de lo que antes se conocía por calle Ronda de la Cuesta, hoy calle Diego Rodríguez Díaz de Vivar, era visible un fragmento del acueducto, según cuentan los vecinos. Quedan muy pocos afortunados que puedan describirnos algunos de sus restos, la mayoría, en la actualidad, están destruidos. El acueducto y el abastecimiento de agua a Consabura es un puzle del que nos faltan más de la mitad de las piezas. Entre esos testigos directos de la historia se encuentra mi vecino, un agradable señor de 86 años que pasa la mayor parte de su tiempo de puertas afuera de su casa, "tomando el fresco". En una localidad con pocas pruebas arqueológicas de lo que fue, se hace vital en la investigación consultar con las fuentes primarias, los que sí lo vieron cuando aún permanecía visible.


Angeles Anaya


En el barrio de la Ronda de los Molinos, el nombre de algunas calles nos evocan el agua: calle acueducto, fuentecilla, las aguas, etc., y siguiendo el GPS de las palabras de mi vecino, hemos logrado fotografiar algunos restos, camuflados completamente con su entorno y sobre todo, reutilizados, porque, en Consuegra se aprovecha todo.




Angeles Anaya
Así, la primera parada la hacemos en la intersección Ronda de los Molinos con calle Diego Rodríguez,a la derecha tomando la propia dirección del acueducto, donde los restos, ya desaparecidos, estaban pegados a la propia roca del cerro. De ahí, por la calle Ronda de los Molinos, la canalización  pasaba a su lado izquierdo y bajaba hasta el inicio de la calle Cid Campeador. Desde el final de Ronda de los Molinos y el inicio de Cid Campeador, en diversas viviendas, se pueden apreciar algunos restos.
Angeles Anaya

Angeles Anaya

En una joya de establo, que permanece intacto tal cual se construyó hace un siglo, podemos contemplar un abrevadero que, en otro tiempo cuentan los vecinos, pudo ser conducción de agua o depósito del acueducto "de los romanos". A simple vista es difícil de confirmar, más siendo profano en la materia, está un poco jalbegado y con muchos cachivaches encima. Se puede apreciar que el material de construcción tiene un color rojizo intenso (¿opus signinum o simplemente ladrillo?),dejaremos a los expertos su estudio y verificación.



Angeles Anaya
De ahí pasaba a la calle Centinela, en la que, según mi apreciado vecino, cuando era pequeño, aún se podían ver espaldones de construcción, que apoyaban sobre el risco. De aquellos supuestos canales, hoy podemos contemplar esto:


Angeles Anaya

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Y de ahí, asegura que atravesaba la calle Las Peñas, pasando por El Cristo, hasta la Tercia, según él.

Mi vecino se crió por el barrio del circo romano. Relata que, sentado en el "banco de la paciencia"  del convento de las Carmelitas, el la Puerta de Madridejos, fantaseaba  imaginando las dimensiones y perímetro del circo,  basándose en los restos entre los que jugaba cuando era muy pequeño. Hoy sabemos que las dimensiones del Circo eran 380 por 80 metros, lo que nos da idea de que Consabura tenía que albergar una cantidad de población importante


Restos de la antigua muralla Medieval de Consuegra, que rodeaba "la almendra" por las calles Fray Fortunato, General Primo de Rivera (antigua Cuesta de los Herreros), Puerta Madridejos (en donde, como su nombre indica, la muralla albergaba una puerta) , Ermita del Cristo (construida sobre la muralla), Sertorio (resto mostrado situado en calle Ciprés) y Vega del Río Amarguillo, donde se encontraba el arco que daba acceso a la ciudad,  para unirse con Fray Fortunato. El Kardo romano lo formaban las calles del Arco y del Carmen.
Angeles Anaya
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