miércoles, 3 de julio de 2013

Consaburenses Ilustres (II parte). Don Juan José de Austria:


Muy pocos vecinos de Consuegra son conscientes cuando pasan delante de la Casa de las Tercias o caminan por la Calle el Trinquete ( hoy de Plus Ultra), de que un infante de España, allá por el año 1645, paseó por estos mismos sitios, fijando su residencia en este llano lugar por su condición de Prior de la Orden de San Juan en Castilla y León. En Consuegra, don Juan, como era conocido por sus coetáneos, sufrió un destierro encubierto, conspiró contra su inexperta madrastra- regente y sus incompetentes validos y albergó sueños de convertirse en la alternativa a un rey, Carlos II, debilitado por la endogamia que hacía agonizar a los Austrias.
Don Juan José de Austria nació en Madrid en 1629. Hijo natural de Felipe IV y la actriz María Calderón, fue reconocido como príncipe por el monarca cuando contaba con 12 años de edad, sin duda favorecido por un angustiado rey testigo de la elevada y continua mortalidad de los varones legítimos para sucederle en el trono.
El 2 de Marzo de 1636 Felipe IV decidió el nombramiento, en secreto por no alcanzar la edad suficiente, de don Juan como Gran Prior de San Juan en Castilla y León y Consuegra, en cuyo Castillo fijó su residencia. Don Juan no pudo profesar con plenos derechos hasta 1645 con motivo de su decimosexto aniversario. A pesar de todo, el joven Prior estuvo asistido por Francisco de Iriarte y Garcés de Acosta, al no reunir el príncipe los requisitos imprescindibles para poder ejercer el gobierno plenamente, por no tener más de treinta y un años de edad y no llevar quince años de hábito. Felipe IV dio órdenes expresas para la constitución de la casa de don Juan a imagen de las casas reales una vez que tuvo lugar el reconocimiento oficial de su paternidad, nombrándose criados de la más alta esfera de la aristocracia.
En 1661, tras dos años de residencia en Consuegra, sede del Prior de San Juan, don Juan marchó a Portugal como Capitán General de su Ejército, pero ante sus sucesivos fracasos en Flandes y Portugal, fue desposeído de su cargo y relegado a Consuegra hasta la muerte del rey. Desde su residencia inició una campaña contra la regente Mariana de Austria y contra su valido, el padre Nithard. A partir de 1665, muerto Felipe IV y de nuevo en Consuegra, comenzó a rodearse de un nutrido grupo de descontentos con el frágil futuro rey Carlos II y su madre.
Tras un tiempo en la corte, en la primavera de 1668, don Juan vuelve a Consuegra, y a inicios de 1677, alcanzada la mayoría de edad e Carlos II, es requerido en la corte para convertirse en valido de su hermanastro. Colmó sus máximas aspiraciones, dando a conocer su condición de gran estadista del siglo XVII. Su muerte el 17 de septiembre de 1679, en medio de la indiferencia de aquellos en los que había confiado, truncó un programa de gobierno prometedor. Don Juan, amortajado con las vestiduras, insignias y bastón y manto de la Religión de San Juan, descansa en el Monasterio del Escorial y su corazón, por mandato expreso del difunto, en la Capilla de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.
Como Consaburenses, no puedo evitar sentir un altivo estremecimiento al fantasear con la idea de que ese audaz príncipe, dotado de un ágil ingenio, una cautivadora simpatía y gran habilidad política podría haber cambiado el devenir de nuestra España si no le hubiera arropado la muerte prematuramente. 

  Angeles Anaya  

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